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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

La difícil tarea de lograr consensos en un país fragmentado

Ayer, 10 de diciembre, en un mediodía de pleno sol, Javier Milei asumió como presidente de la República Argentina. Coincidió este acto institucional con el aniversario del retorno a la democracia en nuestro país. El primer gesto del mandatario fue dirigirse al pueblo y no a la Asamblea legislativa, como lo hicieron hasta entonces sus predecesores. Ante la multitud congregada frente a la plaza de los dos congresos dijo que “comienza una nueva era de paz y prosperidad, de crecimiento y desarrollo. De libertad y progreso”. 

El presidente Milei aseguró en su discurso también que hay que dejar atrás el colectivismo culpable de la situación catastrófica en que encuentra el país. Colectivismo significa, según el primer mandatario, lo contrario a la libertad, noción que su ideario representa el único camino posible para el progreso. 

Friederich Hayek dedicó su famoso libro “Camino de servidumbre” (1944) “a los socialistas de todos los partidos” y en él, desarrolla severos cuestionamientos a los intervencionismos estatales que consideraba un atentado contra la libertad de los ciudadanos y progreso de las sociedades.

A mediados de los 80 se publicó en América Latina “El otro sendero”, del intelectual peruano Hernando de Soto. Esta obra fue leída en Corrientes sobre todo por los  jóvenes del partido Liberal, entre quienes estaba Carlos Hernández. Él decía que en este caso el peruano se dirigía a los liberales de todos los partidos, parafraseando al austríaco. En este caso sería mejor la denominación de republicanos.

La idea que campea en estas afirmaciones es que los límites de las identidades políticas del siglo XX y XXI (y en la Argentina), son móviles. Por lo tanto hay estatistas en todos los partidos del mismo modo que hay liberales (republicanos) en todos los partidos. La clave del tiempo que viene, es el comportamiento de muchos de ellos. Los veremos en acción en las sesiones extraordinarias del Congreso de la Nación para tratar un paquete de reformas y leyes cuyo contenido no conocemos en detalle.

El gobierno entrante debe crear puentes con distintos sectores e intentar la construcción de consensos con diputados y senadores para la aprobación de la llamada ley ómnibus y sus leyes complementarias. Legisladores de distintos orígenes partidarios deben estar dispuestos a apoyar los cambios propuestos por el libertario que están contenidas en esos proyectos de ley.

Esos acuerdos pueden ser, como siempre en política, movidos por la convicción o por conveniencia, donde los republicanos-liberales “de todos los partidos” tendrán un rol relevante, porque tal vez ellos darán las primeras señales de acuerdo. Si se producen, serán provisorios y no resuelven el horizonte inestable y frágil que se ve hoy. Es decir que la gobernabilidad será por mucho tiempo un bien inestable y escurridizo.

Certidumbres e incertidumbres

Se volvió un lugar común en tiempos electorales y previos a la asunción decir que la única certidumbre de este tiempo, es la incertidumbre. Nadie sabe en realidad, “qué” y sobre todo “cómo” llevará adelante Javier Milei su proyecto, aunque por estas horas ya podríamos decir que sus propuestas de campaña han mutado notablemente de libertario a liberal a secas.

Sectores del peronismo, las izquierdas y los movimientos sociales, señalaron durante el tiempo comprendido entre el ballotage a hoy, el peligro de la instalación de una derecha populista en el país y con ello la pérdida de derechos ganados.

En este sentido la aparición en la arena política nacional de Javier Milei se inscribe en la irrupción mundial de populismos como el de Chávez, Orban, Le Pen, Trump o Bolsonaro. No implica sólo una manifestación del enojo social sino también la declinación de los partidos políticos y su otrora poder de representación de amplios y diversos sectores de la sociedad

Surgieron de este modo “demandas heterogéneas” que los partidos del siglo XXI ya no pueden contener ni representar. 

Para Ernesto Laclau “el populismo no es una ideología sino un modo de construcción de lo político que se basa en dividir a la sociedad en dos y apelar a las movilizaciones de los de abajo”. Los de arriba, son la casta y los de abajo, el pueblo. Los de abajo, el pueblo enojado y desencantado de la política tradicional conforma una trama social que mezcla a personas de distinto origen, ingresos y expectativas, unidos por el hartazgo de ver a la clase política vivir como ricos mientras, los de abajo viven mal. Las  representaciones son ahora más diversificadas, entramadas y complejas y por lo tanto difíciles de ser representadas por un partido.

El problema es que nadie quiere ser nombrado como populista sin embargo, para algunos estudiosos las ideas de Laclau- Mouffe fueron el sustento teórico de las acciones del llamado “kirchnerismo” de izquierda y, en esta coyuntura Milei es el peligro populista de derecha. Kirchneristas y mileisistas caben por igual en la categoría de “populistas” por lo tanto la diferencia entre unos y otros en adelante será que unos son estatistas y los otros liberales o libertarios que creen en un estado mínimo.

No sabemos si la nueva grieta será estatistas y liberales - republicanos, pero señalamos que hay un clima de época que se manifiesta en esta nueva división de aguas, en un país que tuvo desde unitarios y federales hasta kirchneristas y antikirchneristas.

La crisis del sistema de partidos, la irrupción de Milei y sus ideas hicieron crujir al sistema político tradicional (integrados por conservadores de todos los partidos) que entrara sin dudas en una etapa de reformulación de ideas y de prácticas con un final abierto.

El comienzo

Ayer comenzó efectivamente el gobierno de Javier Milei que será, según lo dijo innumerables veces, un cambio no sólo de procedimiento sino de matriz cultural que dibujará otros contornos políticos dentro de nuestro sistema institucional y allí hay otra clave. 

Cambios sí, pero cualquier cosa no. Hay límites previsibles a la hora de implementar las ideas postuladas en campaña: el diseño constitucional argentino basado en la división de poderes, de frenos y contrapesos típicos del sistema republicano y por otro las manifestaciones populares en las calles. Tampoco sabe cuál será el nivel de conflictividad judicial que se avecina de sectores que seguramente van a echar mano de herramientas jurídicas para frenar las aspiraciones de cambio, sobre todo en cuestiones laborales y provisionales.

Hace tan sólo 6 días de la asunción del nuevo presidente, la Unión de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (Utep) presentó a sus nuevas autoridades junto a la cúpula de la CGT y la CTA, en un "gesto de unidad de toda la clase trabajadora" para hacer frente a las propuestas del gobierno electo, que plantea "desregular la economía y el trabajo". Allí, advirtieron: "Vamos a ser los primeros que vamos a estar en la calle si quieren tocar los derechos". 

Milei dijo ante la multitud que “el que corta (una calle) no cobra (el plan)”. Esa afirmación es una señal de cómo piensa contener las manifestaciones en las calles. Ante la posibilidad de que las cámaras no aprueben los proyectos del nuevo presidente asoma la idea siempre presente en casos de gobiernos débiles del estancamiento institucional.

En este año que la democracia cumple 4 décadas, recordemos que durante el gobierno de Raúl Alfonsín se aprobaron 645 leyes en el Congreso, fueron bloqueadas 284 proyectos y el ejecutivo dictó 8 decretos de necesidad y urgencia y ,otros que no encuadran técnicamente en esta categoría.

Señaló uno que nos ayudará a ver las dificultades del momento en que se dictó y cómo Alfonsín usó la “estrategia del factor sorpresa” con decreto 1096/85. Era nada más y nada menos el decreto que puso en escena el tan comentado por estos días Plan Austral. Al no encontrar mecanismos de acuerdos Alfonsín lo hizo por decreto. Este es un tema que aparece con preocupación en el futuro ya que la proliferación de esta herramienta implica un corrimiento de las mejores prácticas republicanas y un avasallamiento de los canales institucionales. 

Nación-Corrientes

El tema de la coparticipación es y será un eje en  la relación de la provincia de Corrientes con el gobierno nacional. En noviembre la provincia demandó a la nación ante la Corte Suprema de Justicia por el recorte de coparticipación que implican tanto el decreto 473/2023 como la ley 27.725, que redujeron la alícuota del Impuesto a las Ganancias que percibimos.

“Solicitamos la inconstitucionalidad de las normas y presentamos una medida cautelar para que Nación compense las pérdidas con sus recursos” dijo el gobernador correntino en sus redes y enfatizó que la medida afecta a Corrientes en 15 mil millones de pesos este y el próximo mes “con una proyección de más de 100 mil millones de para 2024”, detalló.

Por su parte el fiscal de Estado, Horacio Ortega explicó que el trámite judicial busca declarar la inconstitucionalidad de las normas y “esperamos que la Corte se expida en una medida cautelar donde solicitamos que, ante esta retracción de recursos de las ganancias de la Nación, para que el Gobierno se haga cargo de lo que no le va a ingresar a la provincia”. 

Los datos oficiales y la opinión de algunos estudios privados indican que es evidente el impacto negativo que tendrá en las provincias reducción de ingresos coparticipables en 2024.

Martín Barrionuevo del PJ va más lejos cuando dice que en realidad “lo más importante será la caída de la actividad económica,la aceleración de la inflación, la pérdida de empleos y falta de obras públicas”, que crearán una economía endeble que pagará menos impuestos y por lo tanto, menos plata para repartir.

El gobernador Gustavo Valdés participa de dos espacios institucionales relevantes donde tiene voz: la Liga de los gobernadores de Juntos por el Cambio y el Foro del Norte Grande.

Pero además de estas instancias formalizadas ha demostrado en los últimos meses su habilidad para moverse en la escena nacional con solvencia.

Valdés forma parte de la conversación pública nacional, es decir se volvió un hombre de consulta para medios nacionales sobre distintos temas de la agenda como gobernador, pero también y aquí está la novedad, como un expectable a ocupar la presidencia de la Unión Cívica Radical cuyo plenario del Comité Nacional está previsto para el 15 de diciembre. 

En este camino la mala noticia llegó en la tarde del viernes cuando el plenario de los jóvenes radicales en la sede del Comité Nacional eligieron a Adriano Morone como reemplazante de la correntina Valeria Pavón, ahora legisladora provincial. Morone un abogado jujeño llega como resultado del acuerdo del sector de Morales y Evolución, el espacio que lidera Lousteau.

No menor resulta en la escena nacional la designación de Eduardo Peteco Vischi como jefe de bancada de la UCR en el senado porque tendrá la difícil tarea de negociar y ser la voz cantante del centenario partido.

No sabemos cuál será la actitud del gobierno de Corrientes ante la oleada liberal de reformular el tamaño y las competencia del estado. 

En este sentido Valdés no ha hecho, hasta ahora, ninguna apreciación pero habrá que estar atentos porque el clima de época de estados mínimos recién comienza.

 

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