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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Chubut, FMI, costo social y las chances de Milei

 

Jugar al límite, avanzar a matacaballos, golpear primero y engañar con debates estériles pero taquilleros, como el de los artistas que cobran por recitales populares cuando se sabe que lo que pueda facturar Lali Espósito es un micrómetro al lado de los miles de millones que se necesitan para actualizar salarios. Esa es la caja de herramientas de un presidente que no deja de sorprender con sus movimientos.

Javier Milei es, queda claro, un fundamentalista del déficit cero que hasta recibió un llamado de atención del Fondo Monetario: “No profundice el ajuste sin tener en cuenta el impacto social en las clases más vulnerables”. Sin embargo, persiste en su objetivo y poco le importa el costo social de sus decisiones, pues habla de los niños pobres con el mismo tono que modula para explicar variables económicas.

¿Aguantará la sociedad el ajuste fulminante? Hasta la segunda al mando del FMI, Gita Gopinath, dio a entender que teme consecuencias graves. Pero no logró conmover con sus expresiones moderadas a un Milei más obsesionado que nunca con su consigna de “no hay plata”. Él mismo lo admitió al revelar que la mujer quedó shockeada al comprobar la ortodoxia fiscal demostrada en estos 78 días de gobierno de La Libertad Avanza.

De hecho, la describió sin tapujos en las entrevistas que concede a periodistas amigos: Gita puso “los ojos como el dos de oro” a medida que escuchaba las medidas adoptadas por el poder central con el fin de achicar el gasto público.

Milei pasó por Corrientes hace seis días, pero suceden tantas cosas en su dinámica administrativa que pareciera haber transcurrido un mes. Es que el muchacho de los pelos al viento (ahora más emprolijados por cuestiones de protocolo) no solamente que desafía al sistema político tradicional sino que disfruta cada vez que dispara tuits envenenados contra los personeros del “Estado criminal que expolia a los ciudadanos con impuestos”, frase que hasta las momias conservadoras de la casta local aplaudieron en el Espacio Andes.

Vaya a saber si tendrá éxito al final de su camino, pero su estilo marca una diferencia abismal con todo lo conocido gracias a una característica que puede ser vista como virtud, pero también como defecto. Es un “corajudo” por enfrentar las fuerzas adversas del Congreso y a la burocracia enquistada en el sector público. O es un “temerario” por cortar de cuajo la remisión de recursos destinados a los salarios docentes, en nombre del equilibrio fiscal. O todavía peor: es un “enemigo de la democracia” por definir a la Cámara de representantes como un “nido de ratas”.

Lo que dijo en el aniversario del Club de la Libertad, en el conversatorio con su amigo, el consultor Alberto Medina Méndez, quedó flotando en el éter a la espera de una contrarréplica contundente de los legisladores que no se produjo. Al menos no con las energías equivalentes. Un estado general de apatía pareciera embargar a diputados y senadores, sin que los paros convocados por las centrales sindicales penetren la epidermis gubernamental. Por el contrario, las arremetidas presidenciales parecieran sumergir a sus contrafiguras en la abulia, hasta reducir sus reflejos para responder con creatividad. Como fue el caso del formoseño Mayans, quien disparó con epítetos trillados y sin sustancia: “Milei tiene problemas de salud mental”.

Chocolate por la noticia podría decirles el propio Javier Milei, quien se autodefine “loco pero no boludo” y maneja los resortes del poder al estilo de Napoleón cuando invadió Portugal. Seduce, sonríe, pero va de lo pragmático a lo despótico y utiliza la ventaja del hecho consumado. Hace 70 días que su única arma legal es el famoso DNU que tanto cuestiona la oposición en palabras, pero que nadie se atreve a desactivar en el terreno jurídico con una presentación contundente, con argumentos que la Constitución Nacional provee de sobra.

Con esa lógica de actuar antes y justificar después, cerró la llave de paso de la refinanciación de pasivos a Chubut por haber sido la provincia donde un juez federal de Rawson ordenó el restablecimiento de los subsidios al transporte mediante una medida autosatisfactiva impulsada por el gobernador de Juntos por Cambio, Ignacio “Nacho” Torres.

No son pocas las provincias endeudadas con la Nación en tiempos de Alberto Fernández y Sergio Massa, con lo cual el mecanismo de reprogramación de vencimientos funge como una vía de descompresión para que tales jurisdicciones atiendan sus urgencias en el actual marco de recesión, inflación, devaluación y restricción generalizada de la política monetaria. Pero a Chubut Milei le dijo que no. Una clara venganza por el atrevimiento del gobernador patagónico, cuyo logro jurídico sentó un precedente que podría ser aprovechado por el resto de los Estados provinciales.

El contraataque llegó con un quiero retruco pronunciado por Torres hace un par de días. “De acá no sale más un barril de petróleo si no nos mandan los recursos”, amenazó el mandatario provincial a sabiendas de que encendía la mecha de un conflicto que recrea la histórica disputa entre centralismo y federalismo, como en los albores de la sangrienta organización institucional de un país que vivió 50 años en conflicto desde su declaración de Independencia hasta la Constitución de Alberdi.

El debate que abre la posición del gobernador chubutense es, por ende, preconstitucional y plantea una revisión histórica de los procesos por los cuales los recursos naturales fueron pasando de las provincias a la Nación, y viceversa, hasta la sanción de la Carta Magna de 1994, que en su artículo 124 segundo párrafo deja sentado que “el dominio originario de los recursos naturales corresponde a las provincias”.

Pero como todo es cuestión de interpretación y no siempre dominio significa jurisdicción (son dos conceptos esencialmente diferentes), la misma Ley Fundamental contempla en su artículo 75 que hay bienes de las provincias (es decir, cuyo dominio les corresponde) que pueden ser declarados de utilidad nacional en beneficio de la generalidad del pueblo argentino. 

Si el gobernador Torres materializase su hipotética decisión de obturar los caños del gasoducto y bloquear la salida de crudo hacia las destilerías, se desatará sin dudas una extensa disputa en el terreno jurídico, pero por sobre todo estallará una guerra política en la que el presidente tiene ventajas sorprendentes como el consenso popular, que no ha descendido en demasía a pesar de que más de la mitad de los argentinos dejó de comprar bienes y servicios como consecuencia del meteórico encarecimiento de la canasta básica.

Milei mantiene estándares de imagen positiva sorprendentes al mismo tiempo que padece un incremento de la imagen negativa, pero no exhibe debilidades estructurales que inviten a presagiar un final anticipado de su administración. A pesar de que todo lo que hizo, fue consumado con la abrumadora velocidad de un huracán que cambió de cuajo las reglas de juego en el cuadrilátero político y disminuyó severamente la calidad de vida de miles de ciudadanos.

Sin embargo, los indicadores macroeconómicos lo acompañan. El dólar se mantiene en estabilidad por la simple razón de que nadie tiene pesos para comprarlos y las provincias más equilibradas financieramiente se esforzaron por cubrir lo que Nación dejó de remitir en concepto del ahora perimido Fondo de Incentivo Docente. Corrientes a la cabeza, con una oferta salarial que acerca el salario inicial a 700.000 pesos para los maestros con doble jornada (que son la mayoría).

Dicho esto, ¿Milei tiene chances de cumplir su objetivo de refundar la Nación como un nuevo paradigma de Estado minarquista, sin asistencialismo, sin políticas públicas de contención social y con habitantes descendidos a un estatus social que no contempla la perdurabilidad de la clase media? Si logra controlar la inflación en el mediano plazo, hasta llevarla a un dígito en el primer semestre; si demuestra que la estabilidad se alcanza a costa del sufrimiento de millones de pobres condenados a comer raleado; y si esos pobres se conforman a sobrevivir con ingresos devaluados a la mitad, Milei tiene chances.

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