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/Ellitoral.com.ar/ Opinión

Hacia una salud para ricos y otra para pobres

“Toda persona tiene derecho, así como su familia, a…la salud…a la asistencia médica…”Declaración Universal de los Derechos Humanos

 En este nuevo tiempo, en el que se fortalece la concepción social y política de que “según tienes, según vales”, en el que se coloca a todos y a todo en la misma bolsa para justificar decisiones políticas, en el que se fabrican clichés demonizantes para imponer visiones hegemónicas, es precisamente cuando quiénes tienen alguna responsabilidad social deben intentar separar la paja del trigo, para que las modas de época no se lleven puestos a los ciudadanos.

 Señores: no todo es lo mismo. Lo dije respecto a la privatización de las empresas públicas, y lo digo ahora en relación a la desregulación de la salud.

Uno o varios corruptos en una organización, no la invalidan como instrumento válido. Como sostengo siempre, el asunto no es el delito sino su impunidad.

Las provincias se están salvando de ser eliminadas como unidades políticas, sólo porque son preexistentes a la Nación y se debe modificar la Constitución. Si no, la motosierra libertaria las haría desaparecer, tal la intención concentradora que parece tener el presidente con sus furiosos ataques tuiteros.

El sistema de salud argentino, sin ser perfecto, es uno de los mejores del mundo. En nuestro bendito país, los ciudadanos de cualquier nivel económico tiene una cobertura razonable para atender su salud.

Un triple sistema los protegen:

*el sistema público, con establecimientos hospitalarios en condiciones de prestar excelentes servicios gratuitos a la población en general, tanto desde el punto de vista de sus profesionales y técnicos de primerísima calidad, cuánto desde su infraestructura. Es cierto, en tiempos de escasez, no le faltan problemas financieros, como en todos lados.

*Las obras sociales, tanto sindicales como estatales provinciales, en las que prevalece el principio de la solidaridad. El aporte es porcentual (se aporta en función de la remuneración de cada quién), y todos reciben una misma calidad de servicio, sin deferencias de categorías económicas.

*Las prepagas, entidades privadas en las que, por intermedio de una cuota mensual, se puede ingresar a distintos niveles de atención. Los niveles de cobertura están adaptados a los aportes mensuales de cada plan. El que más paga, mejores servicios recibe.

                      Los argentinos, hay que decirlo, tienen un razonable acceso a la atención de su salud, de calidad y, lo importante, de manera igualitaria.

                      Las nuevas medidas del presidente Milei, tienden a profundizar la competencia. Pero esa competencia, sin dudas que puede deteriorar el sistema en perjuicio de la población menos pudiente.

                       Se ha establecido por decreto presidencial, que las prepagas, (más pago, mejores prestaciones tengo) pueden competir con las obras sociales (principio de solidaridad, todos reciben el mismo nivel de atención).

                       Ello, a la larga, puede provocar la fractura del sistema solidario que tanto bien ha hecho a la atención de la salud ciudadana. ¿Por qué? Porque es probable que quienes tienen los mejores sueldos emigren a las prepagas, con la consiguiente desfinanciación del sistema solidario.

                       Por poner un ejemplo, aún cuando por ahora las obras sociales provinciales no ingresan en el sistema de competencia.  En nuestra provincia, las diferencias salariales pueden llegar hasta a diez veces, teniendo en cuenta las distintas escalas. Si los que más ganan, jueces, ministros, diputados, senadores, y otros, se van a las prepagas, en la obra social provincial (IOSCOR) quedarán los de menores ingresos, con la consiguiente desfinanciación, la fractura del sistema solidario y del principio igualitario.

                       Está por verse cómo evoluciona la “revolución libertaria” en el tema de salud. Pero, el problema de la ideología es que viene todo enlatado, y cuando algo no les funciona, cuando algo se sale del librito, carecen de alternativas. Es éste caso.

                       ¿Para que cambiar un sistema que, con todos sus errores, ha dado buenas respuestas a la salud de los argentinos?  Países del primerísimo mundo, como los Estados Unidos, aún con las reformas de Obama no ha podido solucionar los problemas de acceso a la salud de millones de personas que están fuera del sistema.

                       Corregir lo que hay que corregir es lógico, pero romper por romper, como parece ser la impronta oficialista, nos puede conducir a la degradación ciudadana de perder el sagrado derecho del acceso igualitario la atención de la salud de cada uno y la de su familia.

                      Temo, si no hay una corrección en las políticas del gobierno, que vamos a un camino dónde cada uno tendrá la salud que pueda pagar: una salud para ricos y otra muy diferente para pobres.

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