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Los fantasmas de Vialidad Provincial

Moglia Ediciones. Del libro “Aparecidos, tesoros y leyendas”.

 Eso de andar buscando cementerios en la ciudad suele ser un hábito terrible, por lo difícil que resulta en estos pueblos que vivimos, repletos de fanatismos e ignorancia en la mayoría de los casos. La ciencia tiene que abrirse paso a los garrotazos, ni aun así logra consolidarse. Lentamente los reaccionarios se introducen en las casas, a través de la deficiente educación que presta el Estado, mezcla de laicismo y religión, degradando a los maestros y profesores, cediendo el paso a los que forman lo que se llama la clase dominante, que dicta las reglas retrógradas, estableciendo que al que se aparta del camino “lo bajamos, excluimos o postergamos”. 

Los que disienten, aquellos que sueñan con el conocimiento racional, la ciencia brindando sus mejores servicios, la economía del conocimiento, el progreso seguimos como nos pintaban los extranjeros que nos visitaban: sólo criando vacas a la buena de la naturaleza y sembrando, productos primarios. No sabemos hacer un tornillo partido por la mitad, el pobre Belgrano quería industrializar el país, pobre prócer.

Me dirán qué tiene que ver esto con los fantasmas y aparecidos, les contesto: tiene ver con los cementerios clandestinos, que de secretos y ocultos no tenían nada. Se los admitían por ser necesarios para todos, pero por qué se preguntará el amigo lector con mucha razón y le respondo: Qué familia no tuvo un suicida en sus círculo, un diferente por su sexualidad o discapacitado (hoy capacidades diferentes), un hereje… vaya que es larga la lista de gente que no podía ser enterrada en sagrado, como el presidente de la Confederación Argentina, don Santiago Derqui, por la dureza de alma de quienes administraban los cementerios. 

Esa es la razón por la que existieron enterratorios de los disidentes, como los de los esclavos si los enterraban, porque los tiraban para alimentos de los animales, total eran cosas. Los de los diferentes o discapacitados, porque no recibían más que el bautismo, no podían tomar la comunión; los herejes entre los que se encontraban los que se animaban a cuestionar, discutir, o que se atrevieron a leer un libro prohibido, tan común en nuestra sociedad. 

Recuerden la prohibición a “El código de Da Vinci” hace pocos años nomás, los masones eternos destinatarios de cuanto loco suelto tomara el poder. Para cerrar sin agotar la lista: los suicidas, almas perdidas que van directo al infierno por atentar contra la voluntad de un dios medio vengativo, que no sabemos si es hombre o mujer, alto o bajo, flaco o gordo, rubio, negro, colorado, heterosexual, homosexual, hermafrodita o sin sexo, o vaya uno a saber, agregando el más común de los motivos, ser pobres, su destino era el osario o fosa común. ¿Creen señores que esas almas están en reposo, que perdonan, que todas sigan el camino al otro plano? Muchas quedan rondando estos lares para visitar de vez en cuando a alguno de esos personajes siniestros autores de las reglas malditas. 

Estas son las razones de las existencias de varios cementerios en la ciudad, si a ello sumamos los que fueron creados durante la Guerra del Paraguay tenemos, uruguayos, brasileros, paraguayos, argentinos, etc. 

No olvidemos tampoco las tumbas que de vez en cuando se encuentran en las casas antiguas dentro del casco histórico, de personas que fallecieron en alguna revolución de las tantas que tuvimos, de los desaparecidos durante las dictaduras militares genocidas que asolaron la democracia argentina durante años. De vez en cuando se hallan de casualidad y suponen que esos espíritus están tranquilos. No señores a esos criminales los persiguen, no pueden dormir, ven sombras, escuchan gemidos, gritos, llantos, sus cerebros oscuros se vuelven más oscuros. 

La Dirección Provincial de Vialidad Provincial fue construida en las afueras de la ciudad de entonces, sobre un cementerio, las excavaciones demostraron que los huesos humanos acumulados no eran casualidad. En el edificio, quien trabajó allí sabe y conoce que es casi imposible que los empleados se queden hasta tarde en él. Es bastante moderno pero asentado en el terreno que fungió de cementerio para esclavos, suicidas, pobres, discapacitados, herejes, etc., angaú (falso) era secreto pero todos conocían y lo protegían por las razones dadas, especialmente los sacerdotes de las órdenes que poblaban nuestra ciudad, donde había sotanas por todas partes. Parece que la costumbre de tanto cura se va perdiendo, pero en ese tiempo protegido por lo que daba en llamarse el patriciado, el terreno donde se asienta Vialidad Provincial, fue un cementerio secreto a la angaú. Se halla en la manzana conformada por Catamarca, San Lorenzo, Rivadavia y 3 de Abril. Estaba bastante lejos del centro en esas épocas; la calle ancha era el límite la ciudad, cuando la realidad mostraba a la iglesia de la Cruz como extramuros del ejido urbano. 

Cuanto muerto trágico fue enterrado malamente en ese lugar, señalo malamente porque no hubo un sacerdote que rezara por él, tampoco la familia abochornada y temerosa ocultaba que enterraron a su hijo autista o con otras deficiencias mentales para evitar el qué dirán; execrable era el caso del suicida que por mano propia se 

mandó a mudar de este mundo cruel. Más grave el destino de aquel que fue asesinado, que el poder lo hacía pasar como suicidio. Pobre el alma del desdichado que además de ser asesinado, fue enterrado sin duelo alguno, novena que le recen, ni nadie que lo despida ni recuerde, o las mujeres que murieron en el intento de abortar, endemoniadas criaturas que pensaban que otro hijo, mataría de hambre a los que ya tenía. Muy duro pero es cierto. 

Vaya contradicción ¿no? Entre amaos los unos a los otros, siempre que sean iguales, ¿será pá? 

El caso es que los que trabajan en ese edificio prometen y juran que se cruzan con seres insólitos, unos arrastrando cadenas sin alterarse ante la presencia del humno, otros con la cabeza partida de lo más campante, mujeres hablando en idiomas ininteligibles llevando niños en sus brazos, ruidos increíbles, puertas que se cierran violentamente sin viento alguno que lo provoque, ventanas de vidrio que estallan de la nada. En verdad que meten miedo a los habitantes del lugar de otro espacio histórico y material. 

Algunas tardes suena música extraña, griterío alborozado, bullicio contagioso, que obliga a los trabajadores a observar los patios, para ver con espanto que los que transitan de manera espeluznante los pasillos del edificio, ahora forman una cohorte de aparecidos de diversos colores, que forman un arco iris bullanguero, practicando un ritual extraño alrededor de una cruz aparecida de la nada, envuelta en llamas como si los muertos fantasmas ahora, estuvieran reclamando atención o probablemente justicia. 

Resulta extraño observar en las veredas muchas veces velas encendidas, como si fuera el 3 de mayo, luminarias que pueden provenir de varias vertientes: la primera que se me ocurre es que alguna familia recuerde a un muerto antiguo, o venga a pedir perdón por el olvido o el desliz de sus antepasados, convocado por el espíritu del muerto ya sea en sus sueños o en la realidad de su vida. La segunda, los descendientes de los asesinos, que conociendo la fechoría de sus ancestros apelan a los rezos de novenas tardías tratando de tranquilizar a las almas inquietas de víctimas que visitan a la prole buscando venganza o resarcimiento, las demás ideas se la dejo a usted lector. 

Conozco a varias personas profesionales que trabajando en Vialidad Provincial prefieren trabajar corrido renunciando a la sagrada siesta, para no quedarse al atardecer especialmente en el salón de los planos, donde mayor actividad espiritual se siente y visibiliza. Si eres uno de los que recibes alguna visita inesperada de algún espíritu que reclama algo, te aconsejo de acuerdo a tus creencias, que concurras a cualquiera de las calles que rodean el cementerio clandestino, le dediques unas velas a las almas en pena que flotan en el espacio en busca de justicia negada en la vida.

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